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Subasta de Arte Latinoamericano | Latin Ameri...

Thu, Jun 2, 2022 06:00PM EDT
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Lot 73

RUFINO TAMAYO, Naturaleza muerta, Firmado y fechado 35, Óleo sobre tela, 76 x 151 cm

Estimate: MXN$30,000,000 - MXN$50,000,000
Starting Bid
MXN$28,000,000
$1,327,643

Bid Increments

Price Bid Increment
MXN$0 MXN$100
MXN$1,000 MXN$200
MXN$1,200 MXN$300
MXN$1,500 MXN$300
MXN$1,800 MXN$200
MXN$2,000 MXN$200
MXN$2,200 MXN$300
MXN$2,500 MXN$300
MXN$2,800 MXN$200
MXN$3,000 MXN$200
MXN$3,200 MXN$300
MXN$3,500 MXN$300
MXN$3,800 MXN$200
MXN$4,000 MXN$200
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MXN$4,500 MXN$300
MXN$4,800 MXN$200
MXN$5,000 MXN$500
MXN$10,000 MXN$1,000
MXN$20,000 MXN$2,000
MXN$50,000 MXN$5,000
MXN$100,000 MXN$10,000
MXN$500,000 MXN$50,000
MXN$1,000,000 MXN$100,000
RUFINO TAMAYO (Oaxaca de Juárez, México, 1899 - Ciudad de México, 1991)

Naturaleza muerta

Firmado y fechado 35 Óleo sobre tela Procedencia: colección de Edward Chodorov, Beverly Hills, California, E.E. U.U.; colección de Fanny Brice; Los Ángeles, California, E.E. U.U.; Galería Mary-Anne Martin/Fine Art, Nueva York. Publicado en: -GOLDWATER, Robert. Rufino Tamayo.

Estados Unidos. The Quadrangle Press, 1948, pág. 56. PALENCIA, Ceferino. Rufino Tamayo.

México. Colección Anáhuac de Arte Mexicano, 1950, vol. 24, Catalogado 4. DU PONT, Diana C. Tamayo: A modern icon reinterpreted.

Estados Unidos. Santa Barbara Museum of Art, 2007, pág. 162. Exhibido en: "Rufino Tamayo Retrospective", muestra itinerante presentada en el Nagoya City Art Museum en Nagoya, Japón, del 9 de octubre al 12 de diciembre de 1993, en el Museo de Arte Moderno de Kamakura, Japón, del 18 de diciembre de 1993 al 5 de febrero de 1994 y en el Museo Nacional de Arte Moderno de Kioto, Japón, del 5 de febrero al 21 de marzo de 1994 y en "Rufino Tamayo: del reflejo al sueño, 1920 - 1950", muestra presentada en el Centro Cultural / Arte Contemporáneo en la Ciudad de México, del 19 de octubre de 1995 al 25 de febrero de 1996. "En Tamayo es en quien se oye mejor el timbre de voz de México más claramente perceptible por sus plásticas simpatías populares y la delicada utilización que hace de ellas. Todos los barros policromados, las tierras aceitosas y mojadas, los frutos y vegetaciones intensas, las ingenuidades equívocas de la provincia, la gracia rústica e inteligente, se manifiestan en su obra, con su molicie, con su pasión contenida. El fotógrafo ambulante, la pintura de retablos y pulquerías, la pintura de las carpas, de las lecherías, la juguetería popular, las calles de las barriadas de México con sus sorprendentes y purísimos colores logrados con cal, se precipitan al fondo de Tamayo y sobre ese sedimento edifica su obra

". Luis Cardoza y Aragón, 1935. A Rufino Tamayo comúnmente se le describe como un artista precursor. Fue de los primeros en América que interpretó sus raíces sin historicismo, anécdota o proclama y empleó elementos puramente plásticos de indudable origen local, logrando obras con una calidad impecable en el campo de la pintura y la gráfica en el país. Descubrió que en su tradición estaba la fuente para su trabajo; su obra se caracterizó en general por su voluntad de integrar la herencia precolombina autóctona, la experimentación y las tendencias plásticas que revolucionaron los ambientes artísticos europeos a comienzos del siglo XX. Realizó una búsqueda estética anclada en las raíces del México indígena desde el inicio de su carrera, sin embargo, entre 1926 y 1938 pintó un gran número de naturalezas muertas y paisajes urbanos, relacionando la mexicanidad con la modernidad. Después de la Revolución Mexicana, la cultura y el arte se volcaron hacia lo "mexicano", naciendo así la pintura muralista, de carácter rígido y nacionalista, que consistía en enaltecer al país y sus luchas y de llevar el arte a los edificios públicos para que el pueblo aprendiera, disfrutara y reconociera sus orígenes. Rufino Tamayo pintó murales, pero le interesó mucho más pintar telas donde el color, la materia, el tema y la manera de plasmar una visión eran un asunto personal de cada artista. Sabiendo que su naturaleza era ir a contracorriente, notó que sería difícil encajar en el nuevo cauce de la pintura nacional, por lo que decidió viajar al extranjero para conocer otras corrientes artísticas y pintar en libertad. Aunque en México se le acusó de ser un renegado de su patria, en Estados Unidos y Europa se le consideró muy mexicano, pero con una visión distinta de su país; un revolucionario, pero no por los temas que exponía su obra, sino por su forma de pintar. La diferenciación entre la obra de muralistas como Diego Rivera y José Clemente Orozco fue marcada por una crítica redactada por Henry McBride, donde comentaba que Tamayo era el único pintor de la época que avanzaba por el camino de la estética, y que la pintura mexicana no podría llegar a ser universal, pues se interponían los intereses ideológicos de los pintores. Cuando Rufino Tamayo irrumpió de manera significativa en el panorama de la pintura nacional, la escuela de los muralistas ya había cumplido todos sus objetivos. En 1921, el mismo año en que David Alfaro Siqueiros lazó sus célebres "Tres llamamientos de orientación actual a los pintores y esculturas de la nueva generación americana" en la revista "Vida Americana", Tamayo, recién salido de la Academia de San Carlos, fue nombrado jefe del gabinete de dibujo etnográfico del Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México. En ese mismo año, comenzó a hacerse realidad la aspiración de realizar un muralismo de contenido sociológico y eficacia colectiva. Esta época de gran esplendor para el muralismo fue para Tamayo un tiempo de tanteos, de dudas, completamente excluida de la gloria que se repartían sus colegas. En 1932 fue nombrado jefe del Departamento de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación, donde su presencia dejó de ser de cierta manera ignorada, a pesar de ello, habrían de transcurrir largos años antes de que su papel en la historia del arte fuera reconocido. Durante ellos, tuvo que soportar la incomprensión, alegatos violentos y el silencio. El muralismo había llegado al poder por aclamación popular, supo hacer plástico un anhelo colectivo, pero esta y muchas otras virtudes quedaron anuladas desde que poseído por su autosuficiencia trocó su papel y dejo de actuar al dictado de una aspiración popular para convertirse en dictador de un futuro del arte; y en este contexto apareció la obra de Rufino Tamayo para contrarrestar. Para quienes hacían depender a la realidad del arte de un argumento ligado a una simple mecánica visual, el arte de Tamayo suponía un atentado para los valores formales. Pero el artista oaxaqueño no venía a dar una solución distinta para el problema del arte, sino a situar el problema de manera distinta. Su pintura no trataba de suplantar a la realidad con la abstracción, sino concebir a la realidad de otra manera. La relación de Tamayo con otras corrientes de la pintura lo enriquecieron. Luis Cardoza y Aragón y Xavier Villaurrutia citaban que, si bien sus obras se alejaban de la pintura política o de cualquier contenido ideológico, esto no era un defecto sino una virtud; en sus pinturas encontraban una expresividad vinculada con lo universal y al mismo tiempo, una reflexión introspectiva sobre la mexicanidad. Fuentes consultadas: MORENO GALVÁN, José María et al. Rufino Tamayo. Pinturas.

España. Centro de Arte Reina Sofía. 1988, pp. 70-76, sitio oficial de la Secretaría de Cultura www.gob.mx/cultura y sitio oficial del artista www.rufinotamayo.org.mx 76 x 151 cm

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